AZÚCAR Y OBESIDAD

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Hoy nos ponemos serios. Este artículo trata de un tema que crea gran controversia, y que está sometido a una importante corriente de investigación y polémica.

Con los datos en la mano, no exagero ni lo más mínimo si hablamos de EPIDEMIA GLOBAL cuando nos referimos al aumento de las tasas de obesidad y enfermedades derivadas de las mismas desde hace 40 años hasta nuestros días:

  • La causa número uno de muerte en el mundo hoy en día son las enfermedades cardiovasculares
  • Desde la década de los 80, año tras año las tasas de obesidad son mayores.
  • El número de personas obesas actualmente triplica el de hace 20 años
  • Se prevé que en 10 años en muchos países desarrollados, 2 de cada 3 personas tendrán problemas de obesidad.
  • Ya en nuestro país tenemos la tasa de obesidad más alta de Europa, y superamos a Estados Unidos en obesidad infantil.
  • Cada día existen más niños con problemas de salud que antiguamente aparecían únicamente en personas mayores, como por ejemplo diabetes.

 

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Si tenemos en cuenta que la ciencia avanza y cada día tenemos más conocimientos e información, ¿en qué estamos fallando? Algo está pasando y parecen no existir reacciones eficaces al respecto…

Voy a tratar de abordarlo desde un punto de vista lo más objetivo posible, aunque creo que no me va a ser fácil.

Desde siempre parece que habíamos tenido localizado al malo de la película, el culpable de los problemas de salud derivados de la alimentación: las grasas. Pero como si de un libro de Agatha Christie se tratase, vamos a intentar averiguar si nuestro sospechoso es el culpable final.

Fue allá por los años 90 cuando surgió el movimiento “antigrasa” (y prevalece a día de hoy). En nuestros supermercados comenzaron a aparecer numerosos productos light, integrales, diet, desnatados y 0 % materia grasa. Todas las grandes marcas contaban con su gama “saludable”.

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¡Bien! Algo estaba cambiando.

Pero para sorpresa de la mayoría, pasados los años, los datos estadísticos tiran por tierra aquel atisbo de esperanza, y demuestran que pese a que estos productos son consumidos a gran escala, los datos no solo es que no hayan mejorado, sino que vamos a peor.

Voy a exponer una interesante hipótesis que numerosos expertos dieron al respecto. Cuando las grandes empresas comenzaron a extraer la grasa de sus productos se dieron cuenta de que estos ya no estaban ricos, no eran apetecibles y por lo tanto no tenían un valor comercial. Experimentando de cómo podían mejorar la palatabilidad, llegaron a la conclusión de que añadiéndoles azúcar y derivados de la misma, estos recuperaban nuevamente su atractivo.

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No penséis que hablamos solo de alimentos dulces por el hecho de que lleven azúcar añadido. Mucha gente se sorprendería si conociese que alimentos como el ketchup, el tomate frito, maíz, mayonesas light, vinagres e incluso aunque cueste creerlo uno de los productos estrella de la alimentación saludable, el pavo en lonchas (no todos), llevan cantidades importantes de azúcares añadidos. Por ello la importancia de saber leer la composición de estos productos y encontrar los que realmente si contienen lo que buscamos. El 80% de los productos que pueblan nuestros supermercados poseen azúcares añadidos, y muchos de ellos están enmascarados bajo etiquetas y colores que nos evocan sus propiedades saludables por ser bajas en grasas, ¿PERO QUE PASA CON EL AZUCAR?

Pues sí, nos vamos a casa orgullosos de nuestra cesta de la compra y resulta que las campañas de marketing han conseguido su cometido. En las etiquetas de estos productos no te indican por supuesto que llevan azúcares añadidos. Es más, de casi todos los componentes de ese producto aparecen sus cantidades diarias recomendadas, pues de azúcar no. No creo que a ciertas empresas de refrescos les interese que aparezca en sus etiquetas que una lata de 33 cl de estas bebidas suponen el 140% de la cantidad diaria recomendada de azúcar por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

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Pues bien, muchas veces el problema viene porque en las etiquetas nutricionales de los productos el azúcar se disfraza de infinidad de nombres: jugo de caña, miel de caña, miel de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, dextrosa, fructosa, sacarosa, glucosa, maltosa, sucrosa…

Sin embargo, en otras muchas ocasiones el problema viene por el desconocimiento. Un gran porcentaje de la población no sabe cómo leer la etiqueta nutricional de un producto y lo que esta significa.

ES UN PROBLEMA DE BASE.

Voy a aportar una idea que me ronda la cabeza desde hace tiempo, y que considero de tal importancia que me parece extraño que hasta ahora los gobiernos de diferentes países no hayan actuado al respecto.

Todo parte de la IMPORTANCIA Y EFECTO QUE LA NUTRICIÓN REPRESENTA PARA NUESTRA SALUD, y lo pongo en mayúsculas. La nutrición es la herramienta de salud más potente que tenemos al alcance de nuestra mano. Mucho más que cualquier medicina, mucho más que cualquier tratamiento, e incluso mucho más que cualquier tipo de ejercicio físico o sistema de entrenamiento. Es el caldo de cultivo que nos predispone a unas reacciones metabólicas, y que en muchos casos pueden potenciar algún problema de salud para el que desgraciadamente hemos nacido genéticamente predispuestos. O todo lo contrario, crear un ambiente óptimo para que este nunca se llegue a desarrollar.

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¿No pensáis que deberíamos saber algo más acerca de algo que en los países desarrollados, TODOS introducimos dentro de nuestro cuerpo todos los días de nuestra vida entre 2 y 5 veces?

¿No pensáis que desde que somos pequeños, en los colegios y escuelas DEBERÍA EXISTIR LA ASIGNATURA DE NUTRICIÓN?

Esto supondría un gran cambio. Esos niños crecerán aprendiendo sobre el tema, y un día estos niños serán padres y podrán aplicar estos conocimientos sobre la alimentación de sus hijos que a su vez, estarán también estudiando nutrición, y así sucesivamente. Parece que en estos últimos años, por fin algunos países y algunos estados de Estados Unidos han comenzado a impartir conocimientos nutricionales en los colegios. Es un comienzo muy esperanzador, pero aún queda mucho trabajo que hacer.

Muchos padres por desconocimiento dan a sus hijos un tipo de alimentación cargada de grasas, azúcares y alimentos procesados. Es más, los propios comedores escolares muchas veces se alejan mucho de hábitos saludables. En muchas escuelas de Estados Unidos se han cerrado acuerdos con empresas privadas como Mcdonalls o Pizza Hut, dispensando sus productos dentro de dichas escuelas, y formando muchas veces parte de sus menús diarios.

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¿Sabíais que la alimentación de los 10 primeros años de vida determina el funcionamiento metabólico de una persona para el resto de su vida? Estos 10 primeros años pueden generar dependencias y síndromes que marcarán el futuro de estos niños.

Pero como hablábamos antes, nos preocupa el tema del azúcar.

En un estudio realizado en el 2007, sometieron a un grupo de ratas de laboratorio durante un periodo de tiempo a la ingesta de azúcar y de cocaína. Pasado el tiempo del estudio, cuando las daban a elegir, 9 de cada 10 ratas elegían el azúcar. EL AZUCAR ES TREMENDAMENTE ADICTIVA.

Muchos son los estudios que constantemente vemos que se publican acerca de los procesos químicos y efectos que el azúcar desarrolla dentro de nuestro organismo. Tomada en exceso, puede favorecer la aparición de numerosas enfermedades, y curiosamente después se convierte en el alimento para que estas enfermedades crezcan y se desarrollen dentro de nuestro organismo.

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Sus defensores hablan de que es el alimento del cerebro. Los hidratos de carbono son un macronutriente que aporta energía al organismo. Pero nos interesan los de bajo índice glucémico, los cuales se descomponen en moléculas cada vez más pequeñas hasta derivar en azúcares. Por lo tanto, una correcta alimentación donde aportemos cantidades correctas y ajustadas de éstos nos aportará la cantidad necesaria de azucares que nuestro cerebro necesita, adaptando la ingesta a las necesidades energéticas de cada persona (conoce más acerca de los hidratos de carbono en nuestro artículo “Hidratos de carbono y dieta”)

El problema surge cuando nos excedemos, y desgraciadamente hoy en día la gente triplica las cantidades necesarias de hidrato de carbono diarias, y gran cantidad de estos son de índice glucémico alto.

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Éste tipo de azúcares elevan rápidamente el azúcar en sangre, y obligan a nuestro cuerpo a liberar insulina para que extraiga rápidamente dicho azúcar del torrente sanguíneo convirtiéndola en grasa y almacenándola. El cuerpo no deshecha la energía, todo el sobrante de ésta la va a transformar y almacenar como una hormiguita para cuando vaya a necesitarla. Cuanto más azúcar hay más sobrante de energía, y por ello más transformación en grasa y acumulación de la misma. Además, esta insulina liberada interfiere con la señal del cerebro de estar saciado, por lo tanto tenemos más hambre y comemos más. A las 2 horas la sensación de energía inicial se invierte, y de repente comenzamos a notar una sensación de cansancio, inapetencia, somnolencia y falta de atención. La ingesta de fibra mitigaría en parte estos efectos, pero desgraciadamente también escasea en las dietas de hoy en día.

En definitiva es una espiral de sucesos encadenados que desembocan en un aumento progresivo de los depósitos de grasa, y todo lo que esto provoca. La obesidad reduce la esperanza de vida media en 15 años para los más afortunados. Otros no llegan ni siquiera a eso y se quedan antes en el camino debido a problemas derivados de esta enfermedad, y el exceso de azúcar tiene un papel fundamental en esto.

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Pues aquí viene la polémica: ¿No se puede hacer nada o no interesa hacerlo?

Las multinacionales dedicadas a la alimentación son gigantes muy poderosos, algunas de ellas de las empresas más poderosas del mundo. Sus campañas de marketing son agresivas y muy estudiadas. Nos envuelven sus productos en un papel de regalo muy atractivo, y nos hacen dudar… personas sonrientes, felices y con estilos de vida que nos embaucan son los protagonistas de estas campañas de marketing. Las estrategias se plantean sin demasiados escrúpulos y directas al grano. ¿Os habéis dado cuenta que en casi cualquier tipo de establecimiento tienen lineales de snacks azucarados de colores vivos, situados a la altura de los ojos de los más pequeños? Todo está estudiado…

En cifras económicas, una sociedad que se dirige a los datos de salud indicados antes, tendrá un gasto desorbitado en materia médica.

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¿Existen intereses que no conocemos para no cambiar la situación?

Hay noticias que hablan de que la OMS intento cambiar las recomendaciones calóricas diarias provenientes del azúcar, bajando del 25% al 10%. Las multinacionales de la alimentación con grandes ingresos en productos azucarados reaccionaron ante esto, y presionaron al gobierno de los Estados Unidos con el cual mantienen millonarios acuerdos económicos para que esto no se llevase a cabo, hasta el punto que desde dicho gobierno se amenazó a la OMS con retirar su aportación anual de 4.000 millones de dólares si esta medida se llevaba a cabo.

Esta iniciativa de la OMS nunca llegó a proliferar.

Me cuesta pensar que existen intereses económicos que puedan prevalecer sobre algo tan serio como la salud se la población, y más cuando está demostrado que esto repercutirá a la larga un ahorro sustancial en gastos sanitarios.

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Aunque comenzásemos ahora a hacer las cosas bien, los frutos de este trabajo no se verían reflejados hasta dentro de décadas, PERO CONSIDERO QUE ES UNA PRORIDAD INNEGOCIABLE.

Cada vez hay más movimientos en torno a esto, con más fuerza y con más ciencia detrás, y con más capacidad de hacer ruido para hacerse oir. Caras conocidas y personas influyentes alzan la voz alertando de un problema que va en aumento. El expresidente Bill Clinton se pronuncia habitualmente acerca de este tema, y hasta la propia Michelle Obama comenzó una campaña llamada “Let’s Move!” para luchar contra la obesidad infantil. El problema es más serio de lo que parece, y lo peor es que solo se ve la punta del Iceberg.

Está en nuestras manos cambiar el futuro, y ofrecer a las generaciones que nos precederán la posibilidad del conocimiento.

Interésate de qué es lo que comes. Se curioso, examina etiquetas, aprende el significado de las mismas y las proporciones correctas de cada macronutriente. Trata de evitar alimentos procesados y tratados en exceso. Busca las materias primas lo más básicas y naturales posibles: frutas, verduras y hortalizas, carne y huevos en carnicerías, pescados, mariscos y moluscos en pescaderías, alimentos ricos en fibra, frutos secos, e hidratos de carbono de bajo índice glucémico en cantidades controladas.

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Un buen hábito comienza por hacer tu mismo la compra de tu casa, y cocinar tú mismo la comida tanto para ti como para tu familia. Si evitas que ciertos productos entren en tu casa te asegurarás de no comerlos. Combina esto con la práctica de actividad física al menos 3 veces por semana.

ESTE ES EL MEJOR CONSEJO QUE PODEMOS DARTE.

Este es el camino en la búsqueda hacia la salud, el bienestar físico y psicológico, y simultáneamente un mejor aspecto estético.

Aquí dejamos nuestra aportación a esta importantísima labor social. Ahora pregúntate a ti mismo,

¿Cuál es tu granito de arena?

 

Alfonso Morera Peromingo

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